Los cuatro mitos de García Hamilton

Hace años, con motivo del fallecimiento de García Hamilton escribí la siguiente carta de lectores que La Gaceta de Tucumán tuvo la amabilidad de publicar. Creo que su contenido sigue vigente al día de hoy.

Carta de Lectores

(29/6/2009)

Hace algunos años tuve la suerte de concurrir a una conferencia sobre el Auge y Ocaso de la Constitución de 1853 en el ESEADE.

Hubo tres panelistas de los cuales uno era José Ignacio García Hamilton. Los otros eran Armando Ribas y Ricardo Rojas.

En esta conferencia García Hamilton presentó, diría que admirablemente, los cuatro mitos que, según él, explican el deterioro que ha sufrido nuestro país durante las últimas y demasiadas décadas.

Siempre me acordaba de tres de los mitos por lo que nunca escribí sobre ellos. Ya desesperaba de poder recordarlos todos alguna vez hasta que, en una cariñosa y muy acertada semblanza que publicó Yeatts en el website de la Fundación Atlas, menciona dos de ellos. Uno, justamente, el que no me podía acordar, el del gaucho.

Los mitos, a saber, son:
1) El general bueno que murió pobre

2) El gaucho pobre que se hizo violento

3) M'hijo el dotor

4) La señora buena que reparte lo ajeno

No voy a insultar la inteligencia ni abusar del tiempo de mis sufridos lectores explicando el significado de estos mitos, pero vaya este breve comentario.

Del primer mito se infiere que toda riqueza es deshonesta. Del segundo, que la pobreza justifica la violencia. Del tercero se deduce que trabajar y ahorrar no es valorado, que lo único que vale es tener un lugar destacado en la sociedad como el que da un título. Cuánto más fácil sea tener ese título, mejor.

Finalmente, el reparto de lo ajeno, tantas veces prometido y jamás materializado sugiere que las cosas deben venir de arriba.

Es fácil deducir que un país con estas creencias haya pasado de tener uno de los ingresos per cápita más altos del mundo a comienzos del siglo veinte a la paupérrima decadencia que exhibe a comienzos del siglo XXI.

Estos mitos, tan exactos y dolorosos de aceptar han pasado inadvertidos para la mayoría de nuestra sociedad. Como también lo fue la trayectoria y valía de García Hamilton.

Al gran José Ignacio García Hamilton, ¡Salud!

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